La teoría del interés y del capital es uno de los grandes olvidados en el análisis económico contemporáneo. Quitando algunos aportes marginales de algunos autores que se encuentran normalmente en el límite de la ortodoxia económica, la teoría del interés y el capital apenas ha avanzado desde los años 60s del pasado siglo.

Pretendo crear una serie de artículos que repasen las diferentes ramas de la economía que han tratado el origen del interés y del capital. En este primer artículo voy a exponer, a grandes rasgos, la teoría clásica del interés y del capital.

Definición de capital para autores clásicos[1]

Las taxonomías no son inocentes. La forma de definir un concepto muchas veces encubre la preconcepción que tiene el autor sobre el asunto a tratar. Es por ello que, tal y como vamos a ver en esta serie de artículos, en la historia del pensamiento económico se han formulado múltiples definiciones de capital.

En los economistas clásicos se considera que el capital es un conjunto de productos destinados a la producción posterior (Menger, 1890)[2]. Existen dos conceptos en esta definición que merecen aclaración y comentarios extra.

  • Productos

El concepto de “productos” dentro de la definición de capital clásica se refiere al origen del que proviene el bien.

La economía clásica, en un intento de perseguir el valor objetivo de los bienes hasta su origen, establece 3 fuentes de ingresos en la economía (renta, salario, e interés). Estas 3 fuentes de ingreso, a su vez, pertenecen a los 3 factores productivos clásicos:

  • Renta es el pago al factor productivo tierra
  • Salario es el pago al factor productivo trabajo
  • Interés es el pago al factor productivo capital

Los factores productivos tierra y trabajo serían, en la concepción clásica, los factores productivos originales.

De la conjunción de factores productivos originales (tierra y trabajo) se crean los productos. Los productos son, entonces, bienes que incorporan y necesitan para su elaboración una combinación de tierra y trabajo.

Por tanto, para la economía clásica sólo algunos tipos de bienes pueden ser considerados como capital. En concreto aquellos bienes que se consideran productos, es decir, bienes cuyo origen se encuentra en la conjunción de trabajo y naturaleza. El trabajo o la naturaleza quedan fuera del concepto de capital por definición.

En este esquema, el capital sería un factor productivo derivado de los factores productivos originales. El capital sólo estaría formado por productos porque la propia definición así lo exige.

Pero los productos, tal y como los hemos definido, son un conjunto más amplio que el de los bienes de capital. Bajo esta concepción, algunos productos son capital y otros productos no lo son. Nos falta analizar el segundo concepto dentro de la definición clásica de capital: la producción.

  • Producción

El segundo concepto a explorar se refiere al propósito para el que los productos son utilizados. En concreto, sólo aquellos productos que se dediquen a la producción posterior podrían considerarse bienes de capital.

El ejemplo clásico de capital sería la maquinaria[3]. Para formar maquinaria se necesita de la conjunción de algunos bienes disponibles en la naturaleza (como mineral de hierro), y el trabajo de algunos operarios con los que dar forma a ese mineral de hierro. Además, esa maquinaria se destinaría a la producción ulterior de otros bienes.

Por tanto, de la conjunción de tierra y trabajo se crean productos. De estos productos, sólo los que sean destinados a la producción posterior son considerados bienes de capital.

Justificación interés en autores clásicos

El interés, para los autores clásicos, es una fuente de ingreso, en concreto es la fuente de ingreso del factor productivo capital.

Los autores clásicos no estaban demasiado preocupados en proporcionar una justificación para el origen del interés. Adam Smith (1789), por ejemplo, establece una justificación en contrario: deben existir beneficios sobre el capital, en caso contrario no existe ningún incentivo a emplear productivamente a los trabajadores. Una explicación similar establece David Ricardo (1817): si no hay interés, los capitalistas no acumulan capital. Sin embargo, David Ricardo establece el germen de lo que luego sería considerado la teoría de la abstinencia: el excedente productivo destinado al capital lo atribuye al tiempo, el capitalista debe esperar hasta que los beneficios lleguen cuando se venda el producto final. Por desgracia, David Ricardo no profundizó lo suficiente en esta teoría, por tanto, no se considera que el autor inglés sea su originador[4].

Recordamos que los autores clásicos tienen una teoría del valor objetivo o intrínseco. Dentro de las posibles teorías del valor objetivo, la teoría del valor trabajo era la más aceptada[5]. Esto provoca un problema a la hora de establecer la fuente de valor concreta de la que se debe extraer el pago de interés que reciben los capitalistas. Adam Smith es lo suficientemente ambiguo para establecer dos visiones contrapuestas (Böhm Bawerk, 1890):

  • Para que el capitalista tenga un beneficio es necesario que los compradores de los productos paguen un precio por encima del trabajo incluido en los bienes

En este punto, la fuente del interés es un incremento del valor por encima del trabajo incluido en el producto. Adam Smith no estableció explicación del incremento en valor que proporciona el capital y por el que se le debe pagar el interés.

  • Para que el capitalista sea pagado se debe hacer una deducción del pago a trabajadores.

En este caso, los trabajadores no reciben todo el valor creado por ellos. Adam Smith no considera esta situación como ilegítima; el producto del trabajo no siempre pertenece al trabajador, a veces debe repartirlo con el propietario del stock que le emplea.

Estas visiones son claramente contradictorias. La primera visión dio lugar a la teoría de la productividad desarrollada por autores como Say, Malthus, o Von Thunen. La segunda visión dio lugar a la teoría de la explotación (o teoría socialista del interés), desarrollada por autores como Rodbertus o Marx.

No deja de ser paradigmático que Adam Smith, probablemente el autor más incrustado en la mentalidad colectiva como el paladín y promotor del sistema capitalista, sea la semilla de la teoría de la explotación desarrollada más tarde por otros autores. De hecho, Smith enuncia que, en su tiempo, la posesión de capital se estaba convirtiendo poco a poco en un foco de poder y que los empresarios y trabajadores empezaban a pertenecer a clases con intereses divergentes.

A pesar de que Adam Smith consideraba al capital como una fuente de multiplicación de riqueza, su visión de los capitalistas, especialmente cuando entran en disputa con los trabajadores, no es tan positiva. Por ejemplo, Smith consideraba que las causas de las subidas de precios encontraban su razón de ser en el incremento en los beneficios de los capitalistas y en menor medida en subidas de salarios de los trabajadores (siendo el alto salario de los trabajadores la causa aducida por algunos capitalistas como explicación del alto precio de algunos productos)[6] (Smith, libro 1, capítulo 9, 1789):

“Our merchants and master-manufacturers complain much of the bad effects of high wages in raising the price, and thereby lessening the sale of their goods both at home and abroad. They say nothing concerning the bad effects of high profits. They are silent with regard to the pernicious effects of their own gains. They complain only of those of other people.”

David Ricardo (1817), por su parte, veía el interés como el remanente de la producción que no se destina al pago de salario a los trabajadores. Según la teoría de Ricardo, los trabajadores obtienen un salario que está determinado por la ley de hierro de los salarios: el precio pagado al factor trabajo tiende a gravitar en un punto cercano al coste de reproducción del propio trabajo (esto es, el salario sólo cubre lo justo para mantener vivo al trabajador y poder reproducirse). Una vez más, no hay una explicación explícita del interés. Lo que se explica (de forma poco satisfactoria) es el nivel de salarios, de ahí se asume que el interés es solamente el remanente que queda al capitalista después del pago a los trabajadores[7].

Por último, tenemos que recordar que los economistas clásicos no diferenciaban entre beneficio e interés. La categoría económica del empresario está prácticamente ausente del análisis económico en los economistas clásicos, con la notable excepción de Richard Cantillón (Rothbard, 1995)[8]. Algunas teorías modernas de la empresarialidad consideran que el beneficio económico es atribuible al empresario mientras que el interés sería el pago por el uso de recursos que el empresario no posee (Huerta de Soto, 1992). Nada de esto se encontraba en los economistas clásicos, por tanto, consideraban interés y beneficio como sinónimos.

Tratamiento subordinado del capital a la teoría de la producción en Adam Smith

Smith consideraba la acumulación de capital como uno de los determinantes principales de la riqueza de las naciones[9]. Cuanto más crece la acumulación de capital, más crece la productividad de los trabajadores y el bienestar de la población. La industria solo puede crecer en la medida que crecen los bienes de capital en una economía (Smith, Libro 4, capítulo 2, 1789):

“The general industry of the society never can exceed what the capital of the society can employ”

Smith también consideraba que la acumulación de capital no era el resultado de una especie de inteligencia colectiva de la sociedad. La acumulación de capital era el resultado de la acumulación de miles de acciones de individuos en búsqueda de su propio interés. La acumulación del interés de todos estos individuos lleva a la acumulación de capital que tiene resultados tan positivos desde el punto de vista social[10].

La división del trabajo, punto crucial en la obra de Smith, también descansa, a ojos del economista inglés, en gran medida sobre la acumulación de capital. La acumulación de capital, mediante la multiplicación del poder productivo del trabajo, crea nuevos puestos de trabajo e incrementa la posibilidad de multiplicar el número de etapas productivas.

A veces es complicado entender la posición smithiana con respecto a la primacía del trabajo o del capital en las relaciones económicas. En los capítulos de la Riqueza de las Naciones dedicados al capital, parece que el trabajo es subordinado al capital en importancia a la hora de desarrollar las naciones tal y como acabamos de exponer. Sin embargo, en los capítulos dedicados al valor y al trabajo, se considera que el único creador de valor real es el trabajo. Esta indeterminación es lo que conlleva que múltiples autoproclamados seguidores de Smith desarrollen teorías económicas con características increíblemente disimilares, muchas veces incluso contrapuestas[11].

La teoría de la producción clásica tiene aportes interesantes como la explicación de la productividad marginal decreciente en (Ricardo, 1817). Por desgracia, tiene también graves carencias derivadas de la aplicación de la teoría del valor objetivo y del valor trabajo. La economía moderna asume una utilidad subjetiva y marginal para explicar el valor de los bienes. Por tanto, el capital es tan valioso como los bienes de consumo final que es capaz de generar[13]. Por su parte, los bienes de consumo final son tan valiosos como la necesidad marginal que son capaces de satisfacer[14].

Como vemos, en Adam Smith, y en general en los autores clásicos, hay un especial énfasis en el desarrollo de la teoría de la producción[15]. En este sentido, el tratamiento del capital es un medio para un fin. El objetivo era explicar la producción, no el capital en sí mismo. Por tanto, se profundiza muy poco en el concepto de capital y su relación económica con el interés.

¿Teoría del interés o teoría de la distribución del ingreso? El enfoque distributivo de David Ricardo

De igual manera que Smith está centrado en desarrollar una teoría de la producción y no tanto en analizar las características intrínsecas del concepto de capital, con el concepto de interés ocurre algo similar.

La explicación sobre el origen del interés queda subsumida en los economistas clásicos dentro de una teoría más general: la teoría de la distribución de renta[16]. El enfoque en los aspectos distributivos del ingreso es especialmente acusado en David Ricardo (1817). Esta característica provocará más tarde la crítica de Rodbertus, dicho autor acusa de petición de principios a la teoría clásica en su análisis del capital y del interés[17]. Según Rodbertus, se asume de partida que hay tres tipos de ingreso y tres tipos de factores productivos para más tarde intentar justificar que el interés es el pago al factor productivo capital (Böhm Bawerk, 1890)[18].

La teoría de la distribución clásica de la renta tenía pies de barro, ya que el enfoque analiza y pone el foco de atención en el origen de los bienes, asunto que tiene una importancia económica trivial, y deja en segundo plano la finalidad de esos mismos bienes. En la explicación de los fenómenos económicos, la economía pre-moderna (anterior a 1870-71) miraba hacia atrás, la economía moderna mira hacia adelante.

La economía moderna no está muy preocupada por el origen de una fuente de renta, sino por su aplicación a la generación de valor. El pago a un factor productivo poco tiene que ver con su origen, sino con su capacidad de ser útil para producir bienes finales que demandan los consumidores. El foco principal pasa de ser la producción y el origen de los factores productivos que permiten esa producción (economía clásica) a ser el consumo y la aportación de los factores productivos a ese consumo (economía moderna). En la economía moderna, el objetivo de toda acción económica es la satisfacción de necesidades mediante bienes de consumo. Esto contrasta con la visión clásica, que miraba al consumo como fuente de destrucción de riqueza por detraer recursos para la creación de nuevos bienes de capital.

La economía clásica es prácticamente finiquitada una vez aparece la revolución marginalista[19]. En este momento es donde entra en escena la teoría de la imputación de Menger (1871). Según el economista austriaco, la relación de valor no se dirige desde la producción al consumo (como sugiere el flujo físico de bienes), sino del consumo a la producción. Los factores productivos tienen valor única y exclusivamente porque son capaces de producir bienes de consumo que poseen valor económico[20]. Por tanto, el valor de un bien de capital cualquiera viene determinado por el valor descontado por el tipo de interés de los bienes de consumo que ayuda a producir[21].

[1] Algunos autores que usualmente se consideran clásicos no caen bajo este paraguas. En concreto, vamos a ver que esta concepción del interés y el capital es coetánea con otra teoría que veremos en un siguiente artículo: la teoría de la productividad (es el caso de Thomas Malthus o de Jean Baptiste Say). También convive esta explicación con la de los iniciadores de la teoría de la abstinencia que también será estudiada en un siguiente artículo.

[2] Esta concepción ha pervivido, quizá con ligeras modificaciones, hasta nuestros días.

[3] De hecho, es omnipresente en los ejemplos avanzados por los diferentes economistas clásicos.

[4] El originador oficial de esta teoría de la abstinencia es Senior (1830). Veremos esta teoría en un próximo artículo.

[5] La teoría de coste sería una forma más general que la teoría del valor trabajo. Según esta versión, los costes incurridos en el proceso de producción son los determinantes del valor de un bien económico.

[6] Por supuesto, las dos explicaciones se encuadran dentro de lo que podría denominarse una situación precientífica de la explicación de la formación de precios. Los precios se determinan por la utilidad marginal de los bienes, no por la suma de los costes de producción.

[7] Como decimos más arriba, en algunos pasajes Ricardo asume que hay un pago al capitalista por el tiempo, pero apenas desarrolla este punto.

[8] Es debatible incluso que Cantillon siquiera formara parte de los economistas clásicos.

[9] Junto a la división del trabajo y el desarrollo del dinero.

[10] Smith sacó su visión del interés individual como virtud social del intelectual anglo-holandés Bernard de Mandeville. Mandeville afirmaba en The Fable of the Bees que los vicios privados son virtudes públicas. Smith nunca estuvo de acuerdo en considerar los deseos individuales como vicios y criticó a Mandeville por ello, sin embargo, la idea de Smith es casi idéntica a la de Mandeville (Gide & Rist, 1913)

[11] Esto mismo ocurre en temas monetarios. En los grandes debates monetarios ingleses del siglo XIX tanto los seguidores de la Escuela Bancaria como los seguidores de la Escuela Monetaria reclamaban ser seguidores de Adam Smith.

[13] Se evita explícitamente la palabra “producir”. En el último capítulo de esta serie de artículos expondré la razón.

[14] Es decir, el valor de un bien de consumo depende de lo urgente que sean las necesidades que es capaz de cubrir y de la cantidad de ese bien existente. En otras palabras, el valor de los bienes de consumo depende de su escasez relativa (relativa a las necesidades que satisface).

[15] Énfasis que muy probablemente Smith adquirió de los fisiócratas.

[16] La fijación con la explicación de la distribución del ingreso viene heredada en los economistas clásicos por los fisiócratas a través de Adam Smith (Gide & Rist, 1913).

[17] La crítica de Rodbertus también se dirige contra la teoría de la productividad (que como veremos más adelante asume una posición similar a la teoría clásica en aspectos distributivos y el papel del capital y del interés a este respecto)

[18] Como veremos, Rodbertus intentará justificar la teoría de la explotación.

[19] Aunque resurgirá una versión de la misma bajo el rótulo de “economía neoclásica” 20 años después de la mano de Alfred Marshall (1890).

[20] Es decir, son bienes escasos y útiles.

[21] Es crucial el concepto de descuento aquí, como veremos en próximos artículos de esta serie.

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